TRUJILLO

 Trujillo es una ciudad de la provincia de Cáceres, de unos 8.000 habitantes, con un casco histórico impresionante, vale la pena pasear por sus calles y poder trasportarse a la Edad Media en cada paso que das.

Nuestra ruta turística se puede empezar desde el castillo e ir bajando hasta la Plaza Mayor o hacer el recorrido contrario. La historia de la ciudad empieza por el Cerro Cabeza de Morro donde se levanta el castillo y donde empezó a vivir la población. Progresivamente la ciudad fue descendiendo por el cerro hasta al final sobrepasar la muralla.

Plaza Mayor
Debido a su ubicación elevada, Trujillo, siempre ha sido una fortaleza envidiable, vigía de las tierras y caminos que la rodean, su pasado está vinculado a ser un observatorio de los campos que la rodean.

En sus orígenes, fue un castro celta que más tarde fue ocupado por los romanos, quienes la bautizaron como Turgalium. Aunque no llegó a ser una capital administrativa como Mérida, tuvo una gran importancia estratégica por su cercanía a la Vía de la Plata, la calzada romana que unía Mérida con Astorga.

Apenas se conservan restos de esta época, ya que la ciudad fue creciendo y construyéndose sobre la antigua urbe romana.

Tras la caída del Imperio romano, la ciudad fue conquistada por los visigodos. De este periodo tampoco se conservan restos visibles.

Tras la conquista omeya de la península en el año 711, Trujillo pasó a llamarse Taryala. Durante casi cinco siglos, fue una pieza clave en las luchas entre musulmanes y cristianos.

La ciudad se rodeó con una muralla levantada sobre la antigua fortificación romana. Además, se construyeron varias torres albarranas, es decir, torres que sobresalían de la muralla y se unían a ella mediante un puente o un arco. Al estar adelantadas, permitían una mejor vigilancia y facilitaban detectar con antelación la llegada del enemigo.

Recreación de la ciudad árabe
Aunque muchas estructuras fueron transformadas tras la conquista cristiana, todavía se pueden descubrir elementos de la antigua medina islámica.

EL CASTILLO ÀRABE Y CRISTIANO

El castillo
El castillo es el principal vestigio de la Trujillo musulmana. Fue construido entre los siglos IX y X, aunque posteriormente ha sido modificado en distintas etapas a lo largo de los siglos.

Para visitarlo, hay que salir de la Plaza Mayor y ascender por sus empinadas calles hasta alcanzar la parte más alta del cerro. El esfuerzo merece la pena, ya que desde allí se disfrutan unas vistas impresionantes.

Vistas panorámicas de la ciudad desde el castillo
Desde sus murallas se contemplan unas magníficas vistas de la ciudad y de las tierras que la rodean. Su perímetro, de casi un kilómetro, da muestra de la importancia defensiva que tuvo esta fortaleza. Se trata de un castillo sobrio, sin ventanas y con escasas saeteras, aunque destaca por los grandes sillares reutilizados de antiguas construcciones romanas.


El castillo —o Alcazaba, durante la época musulmana— se divide en dos espacios bien diferenciados: el patio de armas y el albacar, un recinto exterior fortificado de planta hexagonal. En la actualidad, en su interior se encuentra la ermita de San Pablo, edificada en el siglo XVI.

El albacar era la zona destinada a albergar a la tropa y servía también como espacio de almacenamiento.

Plano del castillo

En la época de luchas entre cristianos y musulmanes, el castillo era lugar de refugio de los campesinos cuando veían que las tropas enemigas se acercaban.

Vista lateral del castillo
Tras su construcción, el castillo fue objeto de diversas modificaciones durante la época medieval. Entre sus muros tuvieron lugar acontecimientos de gran relevancia histórica. En tiempos del rey Pedro I de Castilla, esta fortaleza fue elegida para custodiar las riquezas de la Corona, una tarea encomendada al tesorero real, el judío Samuel Leví, debido a la gran seguridad que ofrecía el recinto.

Quienes hayan visitado Toledo conocerán la importancia que tuvo este personaje en el reino y, muy especialmente, en la historia de la ciudad.

Murallas del recinto del castillo
Este castillo también fue escenario de uno de los episodios más decisivos de la historia de España. Aquí se refugió Juana la Beltraneja durante su disputa con Isabel I de Castilla por el trono castellano, un conflicto que desembocó en la Guerra de Sucesión Castellana.

A la muerte de Enrique IV de Castilla, ambas reclamaron sus derechos al trono: Juana, como hija del monarca, e Isabel, como su hermana. Sin embargo, parte de la corte difundió el rumor de que Juana no era hija legítima del rey, sino de Beltrán de la Cueva. De ahí surgió el sobrenombre con el que ha pasado a la historia, “la Beltraneja”, y con él las dudas sobre la legitimidad de su sucesión.

Isabel estaba casada con Fernando II de Aragón y contaba con el respaldo de la Corona de Aragón, mientras que Juana contrajo matrimonio con su tío, el rey Alfonso V de Portugal, asegurándose así el apoyo portugués. Con dos aspirantes respaldadas por buena parte de la nobleza y por dos poderosos reinos, la guerra era inevitable, aunque Isabel parecía contar con una posición más sólida.

Durante el conflicto, Juana se refugió en este castillo. Cuando la fortaleza acabó rindiéndose a las tropas de Isabel, huyó hacia Plasencia, donde todavía conservaba importantes apoyos nobiliarios.

Puerta del castillo
Si observamos la puerta principal, veremos una hornacina con la imagen de la Virgen. En 1531 se colocó allí la talla de Nuestra Señora de la Victoria, patrona de Trujillo, situada entre las dos torres del castillo. Su presencia está ligada a una leyenda que cuenta que la Virgen se apareció entre dos torres de la muralla, favoreciendo así la reconquista de la ciudad por parte de los cristianos.

La historia de Trujillo durante la Reconquista fue especialmente convulsa. En 1165, el aventurero portugués Geraldo Sempavor logró conquistar la ciudad por primera vez. Sin embargo, apenas cuatro años después fue hecho prisionero y, para pagar su rescate, tuvo que entregar la plaza al rey Fernando II de León.

Posteriormente, Fernando II cedió la ciudad a Fernando Rodríguez de Castro, quien, junto con otros territorios, creó un señorío prácticamente independiente. Este enclave tenía una función estratégica fundamental: actuar como barrera defensiva frente a los ataques tanto de los almohades como de los castellanos contra el reino de León.

En 1186, el hijo de este noble entregó el señorío de Trujillo a Alfonso VIII de Castilla, quien a su vez lo cedió a las órdenes militares de Orden de Santiago y Orden de Alcántara para garantizar su defensa.

Sin embargo, en 1196 los musulmanes recuperaron la ciudad tras derrotar a Alfonso VIII, reconquistando también otras plazas estratégicas como Plasencia.

Durante los 37 años siguientes, Trujillo permaneció bajo dominio musulmán. En este periodo, la alcazaba fue notablemente reforzada: se levantaron torres más robustas, se diseñaron accesos en zigzag para dificultar el avance enemigo en caso de asalto y se construyó un monumental aljibe.

Este aljibe, una de las estructuras más singulares del conjunto, mide 12,5 metros de longitud y está dividido en ocho cámaras. Su planta, de trazado irregular, recuerda a una L invertida, y cuenta con siete brocales que permitían recoger desde el exterior el agua de lluvia, asegurando así el abastecimiento de la fortaleza incluso durante largos asedios.

Aljibe árabe
Existe un tour que parte desde la Plaza Mayor y se puede visitar el castillo y sus aljibes.

En 1233 tuvo lugar la reconquista definitiva de Trujillo por las tropas de Fernando III de Castilla, con el apoyo de las órdenes militares y del obispo de Plasencia. Durante meses, los cristianos mantuvieron el asedio hasta que finalmente los almohades se rindieron.

Escudo de la ciudad
La tradición cuenta que, en el momento en que las tropas estaban a punto de entrar en la ciudad, se apareció la imagen de Nuestra Señora de la Victoria, avivando el fervor cristiano y alentando a los soldados a cruzar por la puerta que desde entonces se conoce como el Arco del Triunfo. Esta leyenda dio origen al escudo de Trujillo, en el que la Virgen aparece sobre las murallas, situada entre dos torreones.

Este episodio histórico sigue recordándose cada año en la Fiesta de la Reconquista de Trujillo, que se celebra cada 25 de enero y rememora uno de los momentos más significativos de la historia de la ciudad.


TRAS LA RECONQUISTA

Tras la toma de la ciudad por las tropas de Fernando III de Castilla, Trujillo pasó a consolidarse como una plaza estratégica en la frontera con los territorios aún bajo dominio musulmán. Para asegurar su defensa y organización, el rey apoyó su control en las órdenes militares, especialmente la Orden de Santiago y la Orden de Alcántara, que desempeñaron un papel clave en la repoblación y protección del territorio.

En la plaza mayor los estudiosos mencionan que había dos torres vigías, que visualizaban los alrededores de la ciudad por si volvían loa musulmanes, una era la Torre del Alfiler, que se encuentra entre la plaza y la calle Ballesteros, y la otra la torre campanario de San Martin.

Torre del Alfiler
Durante la Reconquista se otorgaron privilegios a los caballeros que habían ayudado en las campañas militares contra los musulmanes, así en 1256 el rey Alfonso X , promulgo un Fuero que concedía privilegios especiales a los caballeros para asegurar que se asentaran en la ciudad y defendieran la frontera. Gracias al Fuero, Trujillo se convirtió en una villa libre.

Comercio de los judíos en la ciudad del siglo XIII
Tras la toma de Trujillo, los reyes de Castilla, Fernando III y posteriormente Alfonso X, fomentaron la llegada de judíos. Los judíos eran los principales dinamizadores del comercio, dominaban la artesania especializada y la venta de mercancías. Por otro lado el derecho cristiano prohibía, el préstamo de dinero con intereses, por lo que los judíos ejercían de prestamistas y banqueros.
De este modo mientras los caballeros cristianos enfocaban sus esfuerzos en las armas, ganadería y defensa militar, los judíos dinamizaban la economia y aportaban profesionales como médicos, boticarios, etc.

En el siglo XV empiezan las luchas entre los nobles que se habían asentado en la ciudad, llegó a ser la situación tan extrema que en 1476 intervienen los Reyes Católicos desmochando las torres de sus casas-fuertes, procurando que la altura de sus viviendas no sobrepasen el resto de las casas, también mandaron cerrar los matacanes y tapar las saeteras.

En el siglo XV los Reyes Católicos y la nobleza local inyectaron grandes cantidades de dinero y los antiguos beaterios se formalizaron bajo las reglas monásticas y se empiezan a levantar edificios en estilo gótico. Aparecen conventos como San Pedro, las Jerónimas o el de San Francisco.

El Convento de San Francisco, está situado fuera de la muralla, fue construido encima de una mezquita y fue donado por los Reyes Católicos. Actualmente es una Escuela taller para la rehabilitación del patrimonio artístico de Trujillo.

Convento de San Francisco

En 1430 el rey Juan II le concedió el título de "muy noble" a Trujillo, elevando el estatus de villa a ciudad.
En el siglo XV queda consolidada la Plaza Mayor, se edifican a su alrededor viviendas de dos o tres pisos, en la parte baja se realizan unos soportales con arcadas, que se llamaban según las actividades que se realizaban, del pan, de las verduras, etc. Entre estos edificios populares se van levantando los edificios nobiliarios.

En el centro de la plaza se levantó el Rollo o Picota que actualmente ha sido desplazado de la plaza mayor . Era un símbolo de soberanía , marcaba la calidad realenga de la ciudad, es decir que dependía directamente del rey. También se utilizaba como picota para exponer a los reos ante el pueblo.


En el siglo XVI es el momento de esplendor de los Pizarro, conquistador del Perú, de Orellana, descubridor del Amazonas, de Diego García de Paredes, el Sansón extremeño y otros colonizadores y conquistadores que hicieron fortuna en el Nuevo Mundo. En general las casas-fuertes se trasforman en casas-palacios.

En el siglo XVII se inicia la decadencia, que continúa en los siglos siguientes. Al estar situada Trujillo en una ruta militar, sufre las consecuencias de las tres guerra la de Portugal, 1640-1668, la de Sucesión, 1700, y la de la Independencia , 1808. Cada una de ellas fue debilitando la ciudad provocando la despoblación. 
En los siglos siguientes la población fue disminuyendo y la nobleza se traslado a otros lugares deteniéndose la actividad arquitectónica.
Con el pasar de los años se ha ido convirtiendo en una ciudad monumental.

RECORRIDO POR LA CIUDAD

Después de conocer la historia de Trujillo empezando por su castillo, merece la pena recorrer sus murallas y perderse por sus calles para contemplar el magnífico patrimonio de la nobleza extremeña. Comenzaremos descubriendo la ciudad desde su hermosa Plaza Mayor y conocer las historias que encierran las casas fuertes y palacios que la rodean.

La Plaza Mayor se encuentra fuera de la muralla que rodea el casco antiguo y antiguamente era el lugar donde se celebraba el mercado. Para facilitar la localización de los monumentos, indicaré entre paréntesis los números correspondientes al plano turístico, siguiendo la leyenda incluida en este mapa.

Mapa monumental de Trujillo


PLAZA MAYOR (1)

Plaza Mayor
Es una hermosa plaza de origen medieval, no tiene una forma rectangular predeterminada, sino que surgió en el extramuros, en el arrabal, es fruto de la expansión de la población medieval. A partir del siglo XVI se empieza a rodear de palacios y casonas de la nobleza de Trujillo dándole el aspecto que ahora se presenta ante nuestros ojos.

Recreación de la Plaza Mayor

ESTATUA DE FRANCISCO PIZARRO (10)

Francisco Pizarro
Nada mas entrar en la plaza nuestra vista se dirige al caballero que montado en su caballo nos da la bienvenida, si giramos la cabeza observaremos que no está solo, está rodeado de casas majestuosas, palacios e incluso una iglesia que nos hablan del esplendor de esta pequeña ciudad extremeña. Nos acercamos a leer la placa de la estatua y se trata  de Francisco Pizarro, el gran conquistador extremeño del imperio inca, en el siglo XVI.
Conozcamos su orígenes y su destino.
Francisco Pizarro, pintura al óleo de Amable-Paul Coutan, 1835, Palacio de Versalles.

Francisco Pizarro nació en esta ciudad alrededor de 1478, hijo ilegítimo de Gonzalo Pizarro Rodríguez de Aguilar, militar perteneciente a una familia hidalga de Trujillo. Su padre estaba casado con su prima y de ese matrimonio nacieron tres hijos. Sin embargo, también tuvo varios hijos fuera del matrimonio. Francisco nació de su relación con Francisca González, una mujer de origen humilde que trabajaba como sirvienta. Además, Gonzalo tuvo otros dos hijos extramatrimoniales que más tarde también desempeñarían un papel importante en la conquista del Perú.

Por su condición de hijo ilegítimo y su origen modesto, Francisco apenas recibió educación formal. Según la tradición, pasó parte de su infancia cuidando cerdos, aunque algunos historiadores matizan este dato al considerarlo más leyenda que hecho plenamente documentado. Lo que sí está claro es que muy joven buscó labrarse un futuro lejos de su tierra. Primero sirvió como soldado en campañas militares en Nápoles y, en 1502, se embarcó rumbo a La Española, iniciando así su aventura en el Nuevo Mundo.

A partir de ahí comenzó una carrera que lo convertiría en una de las figuras más controvertidas de la conquista americana. Participó junto a Vasco Núñez de Balboa en la expedición que avistó por primera vez para los europeos el Océano Pacífico desde América en 1513. Décadas después lideró la conquista del Imperio Inca entre 1532 y 1533, fundó la ciudad de Lima en 1535 y consolidó el dominio español sobre buena parte del actual Perú.

Francisco Pizarro, tenía 54 años cuando conquistó el reino inca de Perú, pero no duro mucho ese triunfo, porque cuando contaba con 63 años, fue asesinado en su casa de Lima por un grupo de conspiradores. Su sepultura está en la catedral de Lima.
Tras su asesinato en 1541, su inmensa fortuna quedó atrapada en una tormenta de ambiciones, pleitos y luchas por el poder. Parte de sus riquezas fue heredada por sus hijos nacidos con varias mujeres indígenas del Perú y por sus parientes. La hija más conocida en Trujillo fue Francisca que se instaló en Trujillo y se casó con su tío Hernando Pizarro, entrando a formar parte de la nobleza de la ciudad.

Después de contemplar la estatua del gran conquistador extremeño y conocer una pincelada de su vida nos dirigiremos hacia la iglesia.
Aunque a primera vista parece una iglesia de dos torres gemelas, la de San Martín de Tours juega al despiste. En realidad, una es el campanario principal y la otra una esbelta torrecilla que alberga el reloj. Esta curiosa “pareja desigual” se debe a que el templo fue construido y reformado durante más de dos siglos, mezclando distintos estilos arquitectónicos y dejando como resultado una de las siluetas más reconocibles de la Plaza Mayor de Trujillo.

IGLESIA DE SAN MARTIN DE TOURS (2)


Uno de los edificios más representativos de la plaza es la Iglesia de San Martín de Tours, situada en su lado oeste. Se trata de un templo de origen medieval, levantado entre los siglos XIV y XV, aunque reformado en épocas posteriores. Su mezcla de estilos gótico y renacentista refleja muy bien la evolución arquitectónica que vivió la ciudad durante aquellos siglos.

Está dedicada a San Martín de Tours, uno de los santos más venerados de la Europa medieval y considerado protector de caballeros y soldados cristianos.

Cuando comenzó a construirse, la iglesia se encontraba fuera del recinto amurallado, en el arrabal de la villa. Esta zona era entonces el centro de la actividad comercial, ya que aquí se celebraba el mercado. Con el crecimiento de la población, el núcleo urbano fue expandiéndose hasta integrar este espacio dentro de la ciudad.

Además, durante siglos tuvo una importante función social. Antes de que Ayuntamiento de Trujillo contara con una sede propia, este era uno de los principales puntos de encuentro de los vecinos, que se reunían a sus puertas para debatir y tratar los asuntos políticos y sociales de la ciudad.

Interior de la iglesia de san Martín de Tours

En su interior se aprecia con mayor claridad el estilo gótico que en el exterior del templo. La iglesia cuenta con una sola nave cubierta por una elegante bóveda de crucería estrellada, uno de los elementos arquitectónicos más destacados del conjunto.

Entre sus principales tesoros se encuentra la imagen de la Virgen de la Coronada, una talla del siglo XIII, así como un valioso órgano barroco de gran interés histórico y artístico.

Además, entre sus muros descansan varios sepulcros renacentistas pertenecientes a algunas de las familias más influyentes de la ciudad, como los Vargas-Ulloa o los Orellana, testimonio del poder y la relevancia que alcanzaron estos linajes durante los siglos de esplendor de Trujillo.



Virgen de la Coronada

PALACIO DE LOS DUQUES DE SAN CARLOS (3)

Presidiendo la plaza se alza el majestuoso Palacio de los Duques de San Carlos, un edificio que llama la atención por la belleza y armonía de su fachada, donde destaca especialmente su elegante balcón en esquina, uno de sus rasgos más singulares.

Construido en el siglo XVI, este palacio luce una refinada fachada de estilo plateresco, reflejo del esplendor artístico de la época. Su edificación fue promovida por la familia Vargas-Carvajal, un linaje noble de gran influencia en la Corte, cuyos miembros desempeñaron destacados cargos de gobierno en el Perú virreinal.

Hoy, contemplarlo es asomarse a un fragmento de historia, donde la arquitectura y el legado de sus antiguos propietarios siguen dejando huella en el corazón de la plaza.

El nombre con el que hoy se conoce al edificio tiene su origen en la concesión del título de Duques de San Carlos que el rey Carlos III otorgó a esta familia. En la actualidad, el palacio está cedido temporalmente a una comunidad de religiosas jerónimas, lo que añade un nuevo capítulo a la larga historia de este emblemático edificio.

Balcón de esquina, con el escudo de la familia que es sustentado por un águila bicéfala

AYUNTAMIENTO VIEJO
Ayuntamiento viejo

Conocido también como la Casa del Concejo, este edificio fue durante siglos el centro de la vida municipal de Trujillo. Antes de su construcción, los vecinos se reunían en los atrios de las iglesias para debatir y organizar los asuntos públicos de la villa.

Fue en el siglo XV cuando, por iniciativa de los Reyes Católicos, se impulsó la construcción de las llamadas Casas del Concejo en numerosas localidades. En Trujillo, este edificio se levantó junto al antiguo mercado, convirtiéndose pronto en un lugar clave para la administración local.

El aspecto que hoy presenta dista bastante del original, ya que su fachada ha experimentado diversas transformaciones a lo largo del tiempo. Actualmente destaca por sus tres plantas porticadas, articuladas mediante elegantes arcos de medio punto que le confieren sobriedad y armonía.

A lo largo de su historia, el edificio también desempeñó funciones como Cárcel Real. En la actualidad, alberga el Palacio de Justicia, manteniendo así su estrecha vinculación con la vida institucional de la ciudad

CASA DE LA CADENA O PALACIO DE LOS CHAVES

Palacio de las cadenas
Construida entre los siglos XV y XVI, esta casa-palacio fue la residencia principal de la poderosa familia Chaves, aunque en realidad este influyente linaje llegó a poseer varias casas y palacios repartidos por la ciudad.

La familia Chaves destacó por su apoyo a la reina Isabel la Católica durante la Guerra de Sucesión, un respaldo que les valió la confianza de los Reyes Católicos, quienes llegaron a hospedarse en esta residencia fortificada en distintas ocasiones. Como reconocimiento a su fidelidad, se les confirmó el mayorazgo familiar, consolidando así su posición privilegiada.

El edificio recibe el nombre de “Casa de la Cadena” debido a la cadena que cuelga del dintel de su puerta principal. Este elemento simbólico indicaba que la vivienda había recibido un privilegio real o había alojado a una persona de altísima relevancia, como el propio monarca. En este caso, fue Felipe II quien se alojó aquí en el siglo XVI durante su viaje a Portugal para asumir el trono, lo que otorgó al edificio el derecho de asilo, representado precisamente por dicha cadena.

En la actualidad, el antiguo palacio ha sido reconvertido en restaurante, conservando aún el aire señorial de su pasado histórico.

PALACIO DE LOS MARQUESES DE SANTA MARTA

Palacio Marqueses de Santa Marta
Este elegante palacio fue mandado construir por Gonzalo de las Casas, fundador de la ciudad de Trujillo en Honduras, figura clave en la expansión de la familia en tierras americanas. El linaje llegó a ostentar el título de Marqueses de Santa Marta en el siglo XVIII, de ahí procede el nombre con el que hoy conocemos el edificio.

Su fachada, realizada en sólida sillería granítica, refleja la sobriedad y la fuerza propias de la arquitectura nobiliaria. La portada, de estilo renacentista, está enmarcada por columnas jónicas que aportan equilibrio y elegancia al conjunto. En la parte superior destaca un frontón triangular en el que se exhiben los blasones familiares, símbolo del poder y prestigio de sus antiguos propietarios.

En la actualidad, el palacio ha sido rehabilitado y convertido en hotel, permitiendo a los visitantes disfrutar de su historia en un entorno lleno de carácter y distinción.

Interior del hotel

PALACIO DE PIEDRAS ALBAS

Palacio Piedras Alba
Construido en el siglo XVI, en plena etapa de esplendor de Trujillo, este palacio fue residencia de la familia Orellana de Toledo. A lo largo de los siglos, la propiedad pasó por distintos linajes, entre ellos la de los Marqueses de Piedras Albas, de quienes toma su nombre actual.

Su fachada, de estilo renacentista, destaca por su sobriedad y elegancia, propia de la arquitectura noble de la época. En la parte inferior se conservan unos soportales conocidos como el Portal del Pan, denominación que recuerda la actividad comercial que allí se desarrollaba, ya que en este espacio se vendía pan al público.

En la actualidad, el palacio es una propiedad privada, lo que contribuye a preservar su carácter histórico dentro del conjunto monumental de la ciudad.

PALACIO DE LOS CHAVES-SOTOMAYOR

Palacio Chaves-Sotomayor
Este edificio, datado a finales del siglo XV, fue la residencia de Luis Chaves “el Viejo” y su esposa, María de Sotomayor. Luis Chaves fue una figura destacada en la vida política de su tiempo y uno de los principales apoyos de la reina Isabel la Católica durante la Guerra de Sucesión.

El palacio ha experimentado diversas transformaciones a lo largo de los siglos. En su origen presentaba un marcado estilo gótico, con arcos ojivales característicos de la época, aunque en el siglo XVI se añadió una segunda planta que modificó su fisonomía inicial.

La importancia de la familia Chaves se extiende también a otras propiedades de la ciudad. En una de sus casas, el alcázar o casa-fuerte situado junto a la Puerta de Santiago, se hospedaron en varias ocasiones los Reyes Católicos. Según la tradición histórica, fue en este lugar donde el rey Fernando el Católico recibió la noticia de su proclamación como rey de Aragón en 1479, tras el fallecimiento de su padre, Juan II.

Hoy, el Palacio de los Chaves-Sotomayor conserva el eco de este pasado noble y estratégico, ligado a algunos de los episodios más relevantes de la historia de Trujillo y de la monarquía hispánica.

Casa-fortaleza Chaves-Sotomayor

PALACIO DE JUAN PIZARRO DE ORELLANA (4)

Palacio Pizarro Orellana
Fue mandado construir por Juan Pizarro de Orellana, miembro de una de las ramas más influyentes de los linajes de los Pizarro y los Orellana, estrechamente vinculados a la expansión castellana en América. Estas familias acumularon riqueza y prestigio gracias a su papel en la conquista y administración de territorios en el Nuevo Mundo.

El palacio destaca por su elegante fachada renacentista de estilo plateresco, donde se combinan la piedra trabajada con gran detalle y la presencia de escudos nobiliarios que recuerdan la unión de los linajes Pizarro y Orellana. Estos blasones no solo cumplían una función decorativa, sino que también eran una clara declaración de poder y prestigio familiar.

PALACIO DEL MARQUÉS DE LA CONQUISTA (11)

Vista aérea del palacio
Fue ordenado construir por Hernando Alonso Pizarro y su esposa Francisca Pizarro Yupanqui, hermano de padre e hija de Francisco Pizarro. Se casaron en el castillo de la Mota el tío de 58 años con su sobrina de 18 años, tuvieron cinco hijos, solo tres sobrevivieron. En 1561 se trasladan a Trujillo. 
Palacio Marqués de la Conquista
El palacio es fácilmente reconocible por su fachada decorada con relieves relacionados con la conquista de América. Hay que destacar el balcón esquinado plateresco con el escudo de armas de la familia Pizarro Es una de las construcciones más emblemáticas del poder de las familias trujillanas enriquecidas en el Nuevo Mundo.

Balcón de esquina y escudo del Palacio de la Conquista

CASA DE LOS CHAVES CÁRDENAS

Esta casa, conocida como la Casa del Peso Real, se encuentra en la zona oeste de la Plaza Mayor. Aunque ha sido muy reformada a lo largo de los siglos, su portada es uno de los pocos elementos originales que todavía se conservan. Su origen se remonta al siglo XVI y fue residencia de don Juan de Chaves Sotomayor y de su esposa, Isabel de Cárdenas.

Uno de los detalles más curiosos de la fachada son las dos columnas encorchadas —de fuste retorcido— que todavía se conservan y que aportan un toque singular al edificio. Este tipo de decoración era muy apreciado en la arquitectura renacentista extremeña y servía como símbolo de prestigio y distinción.

En este edificio se ubicaron las antiguas Casas Municipales de Pesos y Medidas, una institución encargada de garantizar la legalidad del comercio que se desarrollaba en el mercado de la Plaza Mayor. Aquí se custodiaban los patrones oficiales de pesaje, que se utilizaban para comprobar y contrastar las balanzas y pesos de los comerciantes.

La institución permaneció en esta casa hasta el siglo XVIII, cuando los Condes de Quintanilla, propietarios del palacio colindante, adquirieron el inmueble y lo integraron en su residencia.

CASA RECTORAL DE SAN MARTIN
Muy cerca de la Plaza Mayor no encontramos con la Casa Rectoral de San Martin. El edificio fue originalmente la iglesia de Sangre, construida en el siglo XVII. Tras el proceso de desamortizador del siglo XIX, dejó de ser iglesia para ser vivienda particular y por último casa rectoral de la parroquia de San Martin.


Fue mandada construir por Gabriel Pizarro de Hinojosa, inquisidor de Córdoba y Granada en el siglo XVII, su estilo es barroco sobrio.
Actualmente es un centro de interpretación donde se cuenta la historia de Pizarro, Hernán Cortés, Orellana o Núñez de Balboa.

PUERTAS DE LAS MURALLAS

Después de contemplar la Plaza Mayor, llega el momento de ascender hacia el casco histórico. Cualquiera de sus calles merece la pena: todas invitan a pasear sin prisa mientras se descubren antiguas puertas, palacios renacentistas y casas fuertes que recuerdan el esplendor nobiliario de Trujillo.

La Plaza Mayor fue construida extramuros, por lo que ahora nos adentraremos en el recinto amurallado medieval. En la actualidad se conservan en buen estado cuatro accesos principales: la puerta de Coria, la del Triunfo, la de San Andrés y la de Santiago.

La puerta de Santiago, una de las más próximas a la Plaza Mayor, es uno de los accesos más monumentales al casco antiguo. Está formada por un elegante arco de medio punto y aparece flanqueada por dos imponentes construcciones: a la derecha se alza el Alcázar de Luis de Chaves y, a la izquierda, la iglesia de Santiago.

En la fachada exterior todavía pueden contemplarse los escudos de los Reyes Católicos y el de la familia Altamirano, uno de los linajes nobiliarios más influyentes de la ciudad y estrechamente ligado al control de la actividad comercial de Trujillo durante siglos.

Como curiosidad, esta puerta era uno de los principales puntos de entrada a la villa medieval y servía también como lugar de vigilancia y control del acceso al recinto fortificado.


Puerta de Santiago

El Alcázar de Luis Chaves está adosado a la muralla principalmente por una función defensiva y de control militar de la familia Chaves.

Alcázar de Luis Chaves

Se diseño la casa-fuerte, para defender la Puerta de Santiago, así la familia Chaves vigilaba tanto el exterior que era la plaza Mayor, antes en el arrabal, como el interior de la villa. Cuando los Reyes Católicos pasaron por la ciudad se alojaron aquí por su seguridad y por ser Luis de Chaves seguidores de la reina Isabel.

Iglesia de Santiago

La iglesia de Santiago está adosada a la muralla, su torre se construyó aprovechando los antiguas torres de la muralla árabe, así que no solo tenía fines religiosos, sino que servía como lugar de vigilancia. Desde esta torre se daba el toque de queda para que la población supieran cuando se cerraba y se abría las puertas de la muralla.
Ubicar la iglesia al lado de la puerta, y ser dedicada al apóstol Santiago que era símbolo de la Reconquista, tenía un significado de protección espiritual. El apóstol Santiago defensor de los cristianos frente a los moros, era una señal de confianza de que el apóstol les defendería de las incursiones musulmanas.

Hay otras tres puertas en la muralla que podemos ir descubriéndolas al pasear por las calles de la villa.
En el sector occidental(hacia la izquierda de la Plaza Mayor), esta la puerta de San Andrés, esta puerta presenta un arco apuntado no como la anterior de medio punto, la actual es del siglo XV pero se asentó en otra anterior. Bajo las almenas está el escudo de la Reyes Católicos. Al igual que la puerta de Santiago estaba custodiada por casas-fuerte de los linajes importantes de Trujillo (Escobar. Chaves Mendoza y Altamirano).

Puerta de San Andrés

Nos quedan todavía otras puertas por descubrir, y una de las más interesantes es la puerta de Coria, situada en la zona norte de la muralla. Debe su nombre al antiguo camino que partía desde aquí en dirección a la ciudad extremeña de Coria, una importante vía de comunicación durante siglos.

La puerta presenta un arco ligeramente apuntado y destaca por su sobriedad, ya que, a diferencia de otros accesos de la ciudad, no posee escudos nobiliarios ni hornacinas decorativas. Su origen es musulmán, aunque fue reforzada y modificada durante la Reconquista para mejorar la defensa del recinto amurallado.

Muy cerca de esta entrada se han hallado importantes restos arqueológicos, entre ellos vestigios de una basílica visigoda y varias lápidas romanas, lo que demuestra la importancia estratégica y la continuidad histórica de este enclave desde la Antigüedad.

Junto a la puerta se encuentra el antiguo Convento de San Francisco el Real, un edificio fundado en el siglo XV que actualmente alberga un museo. Este conjunto añade aún más interés histórico a una de las zonas menos transitadas, pero más auténticas, del casco histórico de Trujillo.

Puerta de Coria
Por último nos encontraremos en buen esta la Puerta del Triunfo se llama así porque es la puerta por donde entraron las tropas cristiana para la conquista definitiva de la villa en 1233. La puerta tiene un arco apuntado y tiene una hornacina con la Virgen de la Victoria. A la izquierda esta flanqueada por una torre cuadrangular que servía de vigia.

Puerta del Triunfo

Después de entrar por la puerta de Santiago podemos subir hasta el castillo o desviarnos hacia la casa del padre de Francisco Pizarro que ahora se trata de un museo.

CASA MUSEO PIZARRO

Casa museo Francisco Pizarro

Esta casa, ahora museo, se construyó en el siglo XIV, su propietario inicial fue Diego Hernández Pizarro que era el tatarabuelo de Francisco Pizarro. La casa fue habitada por sucesivas generaciones de la familia Pizarro. Aunque tradicionalmente se la conoce como casa natal de Francisco, existe un debate entre los expertos, algunos opinan que como era un hijo ilegitimo, no nació aquí sino en el arrabal donde vivía se abuelo materno.

Aunque de origen humilde y haber nacido fuera del matrimonio, tras sus éxitos en la conquista del Perú, Francisco buscó ser reconocido como miembro de la familia Pizarro.
Tras su muerte, la familia utilizó sus bienes para hacer patente la presencia de la familia Pizarro en la ciudad. Su hija mestiza Francisca Pizarro Yupanqui pasó a ser la heredera universal. Se casó con su tIo y fundaron una institución para gestionar el patrimonio familiar, fueron los impulsores del Palacio de la Conquista y del Convento de la Merced.

Interior museo
Actualmente es un museo, donde se muestra la recreación de cómo era la casa de esta familia noble y en la planta alta se centra en la gesta de Francisco Pizarro en América.

PALACIO DE LOS PIZARRO HINOJOSA MARQUESES DE LORENZANA
Palacio de los Pizarro Hinojosa

Fue construido en el siglo XVI por Diego Pizarro de Hinojosa y su esposa María de Carvajal. El nombre actual se debe al título que se otorgó en 1642 a Álvaro Pérez Quiñones y Lorenzana que fue gobernador de Panamá y Guatemala. Perteneció a los sucesores de los Pizarro-Carvajal hasta el siglo XX que pasó a ser la sede oficial de la Real Academia de Extremadura de las Letras y las Artes. Se puede visitar y contemplar el patio renacentista y tiene una amplia biblioteca. Su horario es de lunes a viernes de 9 a 14 horas.
Cerca de este Palacio nos encontraremos con la puerta de Coria que antes hemos mencionado y la iglesia de Santa María la Mayor.

IGLESIA SANTA MARÍA LA MAYOR
Iglesia de Santa María la Mayor

El edificio se construyó tras la conquista en el año 1232, siendo de estilo tardo románico, se cree que aquí estaba la mezquita en la época musulmana. Tiene tres naves, con crucero y ábside poligonal con un retablo gótico. En el siglo XVI se remodeló y casi todo lo que vemos es de esta época, excepto la torre Julia que se conserva de la primera época.

Retablo gótico de la Virgen de la Asunción

En este templo hay muchas capillas con tumbas de las familias nobles de la ciudad, una de las más famosas es la del Sansón Extremeño, Diego García de Paredes, que fue un militar con una fuerza descomunal, que fue capaz de defender puentes enteros el solo, fue tan famoso que hasta Cervantes lo citó en el Quijote.
Aunque el conquistador del Imperio Inca, Francisco Pizarro, está enterrado en la Catedral de Lima, su poderosa familia tiene un lugar de honor en este templo en la capilla de San Juan.
También tienen una capilla los Vargas-Carvajal, los Orellana, los Altamirano entre otros.
Como curiosidad en lo alto de la Torre Julia, está esculpido el escudo del Athletic Club de Bilbao, En 1972 el maestro cantero que tenía que labrar capiteles nuevos, esculpió el escudo de su equipo de fútbol favorito.
Escudo de fútbol en la Torre Julia

La iglesia cuenta con dos puertas, la principal al poniente, de estilo gótico tardío y flanqueada por las esculturas de leopardos sonrientes  y la puerta de la judería o de San Juan situada hacia el norte de estilo tardo románico.
Seguimos bajando hacia la Casa de los Chaves-Calderón y La Alberca.

CASA DE LOS CHAVES-CALDERÓN


Su estilo es renacentista del siglo XVI, fue encargado por Isabel de Mendoza. viuda de Martín Chaves Calderón. Tiene una arquitectura única porque integra el balcón y la puerta en ángulo en la esquina. En 1993 este balcón fue inmortalizado en las monedas de 50 céntimos.
Actualmente es un centro de desarrollo de iniciativas culturales, educativas y sociales, adquirido por la fundación Cajalmendralejo.

Interior del Palacio Chaves-Calderón

LA ALBERCA

La Alberca

Es curioso encontrarse en medio del casco histórico esta piscina, su procedencia inicial es romana y posteriormente islámica. Su función fue de baños, de abrevadero para el ganado y de poza de riego.
Cuenta con más de 24 metros de profundidad excavados en la roca, tiene 11 m de ancho por 11,3 m de largo.
Se nutre de dos manantiales que se encuentran en el fondo, esto es debido a que la villa esta asentada sobre una masa granítica y bajo la ciudad hay un acuífero subterráneo.
Consta de una escalera construida en el siglo XV que facilita el acceso para recoger agua y limpiarla.

ALCAREZO DE LOS ALTAMIRANO

Cerca de la alberca nos encontramos con este edificio cuya construcción la empieza Fernán Ruíz que participó en la conquista de la ciudad abriendo la puerta del Triunfo facilitando la entrada y la victoria de las tropas cristianas.


Como podemos ver es una residencia fortificada. Esta casa-fuerte que probablemente fue Alcázar en la época del Califato, se encuentra un aljibe árabe que mide 10 m de profundidad por 13m de largo y 12 m de ancho.

Entrada al aljibe
Se puede visitar a través de visitas guiadas oficiales que salen de la plaza Mayor (también incluyen otros monumentos como el castillo).
Interior del aljibe

El aljibe recogía y filtraba el agua de lluvia procedente de los tejados de la vivienda, así garantizaba el suministro doméstico de agua a los residentes del palacio

ARQUITECTURA HIDRÁULICA

Después de haber visto la alberca y el aljibe, quizá te preguntes cómo era la arquitectura hidráulica de la ciudad. Su diseño responde a una necesidad fundamental: Trujillo se levanta sobre una enorme mole de granito, lejos de los cauces fluviales y sin acceso directo al agua de los ríos. Por ello, romanos, visigodos, musulmanes y cristianos desarrollaron a lo largo de los siglos una compleja red de ingeniería hidráulica, tanto subterránea como exterior, imprescindible para sobrevivir a las sequías y a los frecuentes asedios.

El subsuelo de la ciudad está horadado por cisternas excavadas en la roca destinadas a recoger y almacenar tanto el agua de lluvia como la procedente de filtraciones subterráneas. Entre los ejemplos más destacados se encuentra el aljibe de la plazuela de Altamirano, de origen andalusí y fechado en el siglo X. Conserva bóvedas de medio cañón y constituye uno de los mejores testimonios de la ingeniería hidráulica árabe en la ciudad.

Más arriba se encuentra el aljibe del Castillo, situado en el patio de armas. Se trata de una magnífica cisterna con planta en forma de L invertida, diseñada para maximizar la capacidad de almacenamiento dentro del recinto fortificado. A pesar del paso del tiempo, sus muros interiores todavía conservan restos de almagre, una mezcla de óxido rojo de hierro y cal utilizada para impermeabilizar el depósito. Además, la presencia de cal elevaba el pH de las paredes, dificultando la proliferación de microorganismos y ayudando a mantener el agua en mejores condiciones.

La importancia del agua en una ciudad fortificada como Trujillo era tal que muchos palacios nobiliarios también contaban con sus propios aljibes privados. Algunos ejemplos son el palacio de Juan Pizarro de Orellana o el Palacio de los Duques de San Carlos, donde estas cisternas garantizaban el abastecimiento incluso en tiempos de conflicto.




CASA FUERTE DE ESCOBAR
Casa fuerte de los Escobar

Cerca de la Alberca nos encontramos con esta casa fortaleza.
Esta casa fue mandada construir por Álvaro de Escobar a finales del siglo XV y posteriormente sufrió en el siglo XVI una ampliación. Su propósito original era proteger la puerta de San Andrés.
En este palacio nació María de Escobar, reconocida por ser la primera mujer que llevó semillas de trigo y cebada al Perú.
desde fuera se puede ver que la casa consta de una robusta torre rectangular que fue desmochada tras la guerra de la sucesión castellana.
Las ventanas tiene arcos góticos enmarcados con adornos en forma de bolas, también se puede ver un escudo con tres haces de escobas atados por el tronco que pertenecen a la familia Escobar.

Puerta de San Andrés

IGLESIA DE LA VERA CRUZ
Muy cerca de la Alberca y la casa fuerte de los Escobar se encuentra esta iglesia derruida.

Era un templo románico, fundado en el siglo XII, se cree que aquí vivían los caballeros de la Orden del Temple. Fue una de las primeras iglesias que se levanto tras la reconquista y se construyó cerca de la puerta del Triunfo. A principios del siglo XIX el templo estaba prácticamente derruido, y el obispo decidió trasladar los retablos y las imágenes a la iglesia de San Andrés.

Cuando las tropas francesas entraron en Trujillo entre los muchos bienes que destruyeron en la ciudad se encontraban las iglesias de Vera Cruz y San Andrés. Por tanto desapareció la iglesia y todos los archivos, muebles y retablos que se habían trasladado a San Andrés.

A mediados del siglo XIX la iglesia se destino a ser depósito de cadáveres, y cuando en 1870 se acabó en cementerio la iglesia antigua quedó incluida en el cementerio.
Iglesia de Vera Cruz
Después de este recorrido por Trujillo, es imposible no darse cuenta de la enorme importancia que tuvo la ciudad en el siglo XVI. A cada paso aparecen imponentes casas fuertes y majestuosos palacios que nos transportan a una época de conquistas y aventuras. Pasear por sus calles empinadas es todo un placer: cada rincón guarda historias de hombres y mujeres que partieron hacia el Nuevo Mundo para fundar ciudades, descubrir culturas y convivir con civilizaciones fascinantes. Trujillo no solo conserva su pasado, lo hace latir en cada plaza, en cada fachada y en cada mirada curiosa del viajero.


Solo con ir una vez no es suficiente para descubrir esta ciudad, te animo a que repitas en viaje, cada vez descubrirás un detalle nuevo.
























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